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Ganadores del concurso literario Cuentos de Hospital 2018
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Ganadores del concurso literario Cuentos de Hospital 2018

Tres funcionarios de Hospital San Fernando fueron los ganadores del primer concurso literario “Cuentos del Hospital 2018”, un proyecto de la Unidad de Bienestar y Calidad de Vida de nuestro establecimiento y que fue presentado por la oficial administrativa Paula Osorio Pizarro.

Este concurso tuvo por objetivo promover, difundir, rescatar y defender las diversas expresiones de arte y cultura, buscando que las personas se expresen, que cuenten con un espacio para mostrar sus talentos y ser reconocidos por esto. Fue financiado a través de los Fondos Concursables Bienestar 2018.

A continuación presentamos los tres cuentos ganadores: 


TU PASADO, MI FUTURO.
(por Renato García de la Huerta, Unidad de Emergencia)

Doña  María Teresa  Rioseco,  viuda de Díaz de Valdés, como a ella le gusta que le llamen, es una anciana de casi ochenta años de edad, alta, delgada, rubia y de ojos azules; proveniente de unas de familias más respetable del valle de Colchagua, viuda de un ex general de ejército y diplomático de chile en Europa en los años ochenta. Hace dos semanas está internada en la unidad de pensionado del Hospital de San Fernando por una lección a su cadera. Las funcionarias que trabajan en la unidad la quieren mucho ya que ella cada vez que ha estado hospitalizada ahí les cuenta sus anécdotas de sus viajes por todo el mundo en su calidad de esposa de un diplomático e incluso dice haber conocido personalmente a la reina Isabel de Inglaterra. Pero tras todo esto, ella esconde una gran tristeza que lleva arrastrando desde la muerte de su esposo, al poco tiempo de enviudar se le declara una leve demencia senil que va en aumento, en la cual sus dos hijos la internan en un hogar de ancianas del centro de la ciudad, desde ese momento ella pierde todo contacto con ellos y su familia, solo la visitan al hogar y al hospital su ahijada y la madre de esta que es su asesora del hogar de muchos años.

Julia, como se llama esta muchacha se ha preocupado de ella desde ese momento atendiéndola y prestándole los cuidados necesarios que requiere una persona de su edad, en gratitud al cariño y dedicación que le entregaron a ella y a su madre, cuando el matrimonio gozaban de un buen estatus social donde no hicieron diferencia alguna entre ella y sus niños, y sobre todo ahora que la anciana recibe la indiferencia de parte de sus propios hijos por el solo hecho de su enfermedad que la está apagando día a día .

Doña María Teresa tuvo dos hijos varones, Rafael un ingeniero industrial que está radicado en los Estados Unidos por más de veinte años, y Augusto un militar en retiro que vive en el sur del país. Que no los ve desde que ellos la ingresaron al hogar, y de eso han pasado casi diez años, en que ella espera cada día que lleguen los niños como les dice a tomar el Té de las cinco, Incluso cuando está
 
hospitalizada les pide a las enfermeras que les preparen las tazas de té de porcelana Italiana para recibir a sus hijos que vendrán a verlas, y así lo hacen las paramédicos para satisfacerla y verla contenta.

Un día llega a la unidad una joven enfermera a hacer su práctica profesional, para todos ella es conocida en el hospital ya que es hija Carmen una auxiliar de aseo de más de veinte años de servicio y nieta de Doña Adriana socia y unas de las fundadoras de las Damas de Rojo del hospital. Para María José el hospital ha  sido su segunda casa ya que pasado gran parte de su vida ahí, se crio en la guardería y el jardín infantil del hospital y conoce todos los rincones de este viejo edificio, Desde niña le nació el amor por el área de la salud de la cual quiso estudiar. Cuando Cote como la llaman todos se presenta en la unidad de pensionado se reencuentra con varias amigas de los tiempos de colegio que siguieron su misma profesión. Y ahí comienza a interiorizarse del trabajo que debe realizar como estudiante en práctica. Ya lleva trabajando un rato en la unidad le llama la atención a una anciana de buen estado físico que recorre la habitación de un lado para otro y que gran parte del día pasa mirando por los ventanales de la sala que dan al jardín y la entrada principal del hospital como esperando a alguien, se le acerca y la saluda, la anciana se da vuelta y con una sonrisa le habla le pregunta la hora y la joven le dice que van hacer las  cinco de la  tarde, doña Marite le dice si ya las tazas están puesta en la mesa ya es hora de tomar el té y sus hijos están por llegar. La enfermera un poco desconcertada le dice que irá a buscarlas y preparar la mesa. En ese instante sus compañeras le cuentan quien es ella y porque le dijo eso. Desde ese momento la joven enfermera y la anciana se han hecho muy amigas pasan gran parte del día juntas, Cote escucha atentamente las historias y aventuras que doña María Teresa que ha pasado en  su vida fuera del País. Les habla de su familia, de su esposo, de hijos y muchas veces repite la misma historia más una vez el mismo día, producto de su  avanzado estado senil, Así transcurrieron varios días hasta que doña María Teresa recibe el alta, y tiene que regresar al hogar. Con pena se despide de todos y las invita a visitar a su casa a tomar el té de las cinco, con un abrazo apretado y los ojos llenos de lágrimas se despide de María José su enfermera favorita como le dice ella. Desde ese día María José la visita todos los fines de semana y algunas veces es acompañada por su abuela y algunas voluntarias de las damas de rojo, ahí pasan largas tardes juntas conversando de las aventuras y de la gran vida que se daba esta distinguida dama en Europa.

Así pasaron las semanas de trabajo para María José en la unidad de pensionado, un día cerca de las cinco de la tarde recibe un llamado de telefónico de Julia la ahijada de Doña María Teresa en la cual le informa que su madrina fue hospitalizada grave en la UCI del hospital, y que le gustaría que la fuera a visitar ya que la anciana pregunta mucho por ella. Ese mismo día terminando el turno pasa a verla a la UPC y pide a sus colegas información del estado de salud de la anciana en la cual no le es favorable. Según los médicos le queda muy pocos meses de vida producto de un deterioro en su estado de salud y su avanzada edad. Entra al box a verla la saluda con un beso en la frente, la anciana mueve su cabeza la mira y sonríe, mi pepita de oro le dice con una voz débil casi apagada ambas sonríe; así ella le decía a María José en esas largas conversaciones que tuvieron cuando ella la visitaba al hogar de ancianas, mi niña me vienes a ver y tomar el té juntas como habíamos acordado. Les pregunta por los niños si ya llegaron, hace varios días no me vienen a ver, solo está la julia y su madre aquí y me dicen que los chicos no han aparecido, me gustarían que los conocieras son bien apuesto le dice. La enfermera la mira y le sonríe con pena, toma su mano y le acaricia su cabello le promete que ella hará lo pueda para traer a sus hijos de vuelta a tomar el té y la deja durmiendo. Al llegar a su casa le cuenta su madre  y  a su abuela lo que había pasado y le dice que ayudara a la anciana a cumplir su último deseo.

Pasaron los días, cada termino de turno María José pasa a ver a doña María Teresa y conversa con Julia sobre el estado de salud de la anciana que cada día se va agravando, la ahijada le cuenta a la enfermera que ha recibido noticias de los hijos de la señora y que le habían dicho que no tienen tiempo de venir a verla y que ella se haga cargo de todo y que mandaran dinero para los gastos que sean necesario.
 
A las pocas semanas doña María Teresa fallece en el total abandono de sus hijos y solo rodeada de su ahijada y su madre, de sus amigas del hogar, las damas de rojo y las funcionarias de la unidad de pensionado del hospital. Desde ese día la joven enfermera se integra a trabajar a honores en el hogar de ancianas de la cuidad para velar por la salud del cuerpo y alma de las decenas de señoras que residen ahí, muchas de ellas abandonadas por sus familia. Desde ese episodio que vivió y marco a esta joven enfermera cuando era estudiante en práctica ya han pasado varios meses y sigue con su compromiso con el hogar y sobre todo con esta anciana. A pocos días de llegar navidad María José recibe el Titulo de enfermera universitaria, el orgullo de su madre y su abuela que con gran sacrificio la educaron y le entregaron las herramientas necesarias para ejercer su trabajo. Con su título en la mano vuelve a su querido hospital a buscar una oportunidad En los pasillos se encuentra con la jefa de la unidad de pensionado y se saludan afectuosamente y le pregunta si está trabajando y ella le contesta que en eso andaba si había algo para ella, tienes suerte le dice la jefa hoy renuncio una enfermera y ando en busca de una reemplazante y tú tienes la experiencia en nuestra unidad y el tiempo que estuviste con nosotros realizaste un buen trabajo. Desde ese día María José trabaja en su querido hospital que desde niña conoció y lo convirtió en su segundo hogar para ella, junto a su madre y su abuela. Eso le hace a reflexionar a la joven enfermera porque quiso seguir esta profesión donde más allá de entregar salud a sus pacientes le entregan amor y compañía  a quienes más lo necesitan que son las personas más débiles y desamparadas que se encuentran en su camino profesional.


SUEÑO Y REALIDAD
(por Alejandra Parada, SAMU)

Fue raro, desperté y no conocía el lugar, aquella habitación era grande y aquellas personas llorando de alegría, me desconcertaban aún más, una de ellas se acerco acaricio mis cabellos, su mirada profunda demostraba mayor alegría que un ser humano puede expresar, me dijo: “gracias a Dios por esta segunda oportunidad”, yo no entendía porque esos ojos verdes mar me amaban tanto, esa mujer con cabellos teñidos y libres me abrazaba y no dejaba de besarme, desde ese minuto comprendí que mi vida no era la misma desde ese instante en que vi esas miradas extrañas,  recuerdo que un sutil haz de luz  iluminaba mi cara y mi nueva vida.

Jamás comprendí que paso aquel día, mi memoria pasada eran sólo ilusiones pasajeras sin nada que pudiera afirmar, ahora mi vida era extraña sentía que vivía por alguien más, tenía una carrera, una familia que me amaba muchos amigos pero yo… no era yo, no recordaba nada. Como no recordarme de aquel día, 17 de junio el día donde mi nueva vida empezaba, salí de aquella sala gigante del hospital, había mucha gente  todos aplaudían, un enorme pasillo el cual sentía que era eterno gente a sus costados aplaudían mi partida, de repente aparecieron recuerdos por mi cabeza , mi mente los presentaba como hermosas rosas blancas y rojas pero al frente un Cristo majestuoso e imponente alagando mi entrada, no recuerdo, la verdad no recuerdo, no aquellas imágenes las cuales se disuelven y vuelven nuevamente como imágenes fantasmas reapareciendo a la realidad, las personas del lugar me abrazaban y  besaban  mis mejillas rojas y pecosas, en tanto aquella mujer de ojos verdes profundo movía mi cabello en señal de que estaba feliz por mi partida de aquel lugar,  yo no logro comprender nada, no sé lo que sucede, sólo que me voy a casa; sentí los rayos de luz en mi cara el viento que acariciaba mi pelo susurrándome: “bienvenida a la vida” no podía oler el perfume a flores a libertad la mascarilla que cubría mi boca y nariz filtraba esos aromas. Pasaron unos minutos mmm casi una hora en llegar a mi casa, si mi casa la cual no conocía, era hermosa esa estructura, con un paraje enorme, de repente mi corazón latió muy fuerte tuve una sensación inmensa de felicidad pero se conjugo a la vez con pena y tristeza, no hallé respuesta para aquel sentimiento sólo que aquella foto en el fondo del pasillo me hizo llorar, una mujer añosa también de bellos ojos me abrazo me dio un beso en la frente y me dijo:” ella era tu hermana, no de sangre pero si de alma”, mas confusión aún, miré a mi abuela y le dije abuela, abuela no entiendo, ella afirmo: ya entenderás.

La tarde estuvo tranquila aquella pieza para mí era bella, un verdadero sueño de princesa, mariposas pegadas en la pared, flores enormes de papel y cinta, era un campo silvestre pegado en esas paredes, la cual ahora era mi fortaleza, mi madre me dijo “tú la adornaste antes de entrar  al hospital, encogí mis hombros y mire mis manos y afirme “quizás mamá”. Llego la noche, me dormí rápido, pero en mi sueño volví al pasado a mi otra vida cuando era una niña, la ví a ella mi amiga, mi hermana del alma  “Celeste” hermana mía soy tan feliz contigo mi “Luna” nos abrazamos tan fuerte que al despertar aún sentía sus brazos rodeándome, jugamos en aquel lugar, habían unos árboles grandes frondosos sus ramas llegaban al lago cercano, un puente de madera, pájaros, mariposas unas lagartijas posando en una roca tomando el calor de aquel día soleado.  Allí estábamos los tres sentados abrazados, Celeste, Diego y yo, nuestros pies sumergidos en el agua fría, esas piedras lanzadas a lo lejos dejaban pequeños surcos enormes en el agua, jajaja ranitas le llamábamos a nuestro juego quien lanzaba la piedra más lejos, pero todo se acabo cuando desperté. Así comenzó a avanzar el tiempo, los días emprendieron la marcha, mi abuela conversaba conmigo, ella se dio cuenta que algo me sucedía, mi madre se preocupaba de mi,  atribuía mi cambio a todo el tiempo que estuve en el hospital, la verdad todo con mi salud andaba bien pero mis recuerdos eran los que me hacían dudar entre mi pasado y mi presente. Una noche abrí mi ventana, había una luna bella, grande, blanca, muchas estrellas la acompañaban, me senté, mi abuela entro sigilosamente y me dijo: “¿quieres que te cuente un cuento?” ¿Sabes? Aún la recuerdo, mmm ¿a quién abuela? ¿A quién? Pregunte mi abuela me dijo, a ella a Celeste…..mi niña, ella te amaba y te ama tanto como tú a ella, se que en las noches al dormir estas con ella, te he escuchado desde mi habitación, en más de una ocasión reír y nombrarla se que son felices,  ¿abuela? …..¿qué sucedió?, mi abuela se acomodo en el sillón de mi pieza, coloco mi cabeza sobre su pecho, comenzando su relato, eras una niña cuando Celeste llego a tu colegio, se hicieron amigas rápidamente pero entre ustedes dos  hubo un lazo más fuerte que las unió, se amaron tanto desde el primer día, se amaron y aman como hermanas, ¡!!si!!!! Hermanas del alma, siempre juntas tanto así que cuando tu padre se marcho ella estuvo contigo día y noche y sólo tenían 6 años, recuerdo cuando juntas se sentaban en esta ventana y ella te decía que tu padre era esa estrella que estaba junto al cerro, y desde ahí  miraba  tu ventana, no lograba recordar nada de aquello sólo quería dormir y abrazar a Celeste. Me tome mis medicamentos y me acomodé los más rápido que pude, cayendo en un sueño profundo, ¡¡Celeste!! ¡¡Celeste!! ¡¡Estas ahí!!  Jugábamos  a las escondidas, corríamos trepábamos los arboles más altos, y quería quedarme ahí, si… Ahí donde volvía a ser niña nuevamente; me cansaba rápido al correr y entre esos volvía a mi realidad habitual, despertaba, mi lucha era constante cada noche quería quedarme ahí con Celeste y Diego, no quería crecer quería jugar que estuviéramos los tres para siempre yo era feliz como jamás lo he sido. Una noche en mis sueños, Celeste y Diego se sentaron junto a mi donde siempre, en el puente de madera con nuestros pies en el agua  todo era perfecto nuestras ranitas, el juego favorito de los tres se detuvo, aquella tarde de verano, de repente Celeste me abrazo y se puso a llorar, me dice “hermana” no quiero que te mueras, yo te regalo mi corazón para que vivas por las dos, pero hermana no te mueras, no entendí porque me decía eso y Diego me explica, Luna ya no vamos a jugar más,  y ¿Por qué? Pregunte, ¿ya no me quieren? Dije, ¡no! Dijo Diego es que cada vez que corremos tus manos se van al pecho te cansas mucho te pones azul y luego te duermes, Celeste dijo: hermana ya no correremos más yo te llevaré siempre de mi mano para que no te canses y te afirmaré para que no te caigas, fue así como entendí que ya los juegos de escondernos, saltar, subir a aquellos arboles no podría ser más, de pronto desperté el reloj marcaba las 09:00 hrs era hora de mis remedios, ese día se hizo eterno, las siestas no me llevaban con Celeste ni con Diego, quería dormir nuevamente quería contarle a mi hermana y a Diego que había estado enferma, que había estado hospitalizada, que no sabía por qué , que ahora era grande en esta vida que mi apariencia no era como cundo estábamos juntos en mis sueños , quiero decirles que los estoy esperando, que ya estoy en casa que los extraños y preguntarles porque no me han venido a ver, que salgamos a jugar de nuevo y trepemos arboles y que no importa que me canse que lo hare más lento con la ayuda de ellos. Llego la noche, como siempre mi abuela y mi madre me abrazaban e infaltablemente me daban mi beso de buenas noches ¡por fin! Celeste y Diego gritaron a coro ¡Luna! ¡no corras! ¡no corras! ¡Luna! Te vas a poner azul, deje de correr los abrace tan fuerte, aquella espera fue eterna y nos sentamos en el puente, juntamos antes unas piedras y Diego me regalo las mas lindas, nuestros pies en el agua tibias, nuestros reflejos se grabaron en el agua de aquel lago, mientras que el sol enrojecía nuestras mejillas y brazos, tejíamos coronas de rama de sauce, cazábamos mariposas en los arboles cercanos y las liberamos en otras flores. Así pasaron los días se me olvido lo que tenía que decirle a Celeste y a Diego. Con el tiempo mis conversaciones con  mi abuela se hacían un verdadero ritual antes de dormir   yo le contaba a Celeste y a Diego mi vida presente,  pero ellos me decían “eres loca tú”, y así los días en aquel lago pasaron nos contábamos cada historia, recuerdo bien cuando lloramos los tres, Diego  se marcharía sus padres se habían separado él prometió que nos escribiría que nunca nos olvidaría y para cada navidad nos veríamos de nuevo. Pasaron años, siendo el tiempo fiel testigo y la distancia responsable de no vernos más, Diego se fue y no supimos más de él. Con Celeste unimos nuestros corazones éramos una sola alma, cada una sabía lo que pensaba la otra, éramos inseparables.

 Con el tiempo anduve mejor, me cuidaba mucho mi abuela me decía que yo debía de amar y cuidar mucho mi corazón; en tanto en mis sueños Celeste y yo siempre íbamos juntas, al colegio a comprar alguna golosina compartíamos alegrías y penas nuestros secretos se sellaban plantando una flor, así la cuidaríamos al igual que nuestro secreto, pasamos de curso celebramos nuestros triunfos y siempre siempre estábamos juntas, jamás nadie nos pudo separara. Llego el día era impensable que cada una tomaría caminos distintos, nos fuimos a estudiar  Celeste amaba el cielo, las estrellas y la Luna me dijo,  así me tendría en cada minuto en su corazón, ella quería estudiar astronomía y yo amaba la pintura, de hecho los retrate a ellos cuando éramos niños, fue así como nos separamos lloramos amargamente ese día pero era imposible no seguir, por primera vez la extrañaba mucho y esa pena que me ahogaba me hacia llevar mis manos al pecho de dolor, aquello se vio reflejado en mi vida diaria, no dormía a pesar que Celeste me escribía me contaba cómo iba su vida que el universo era hermoso, un día me escribió  que vio la estrella donde vivía mi padre y me decía entre líneas :” Luna, tu padre te cuida y te ama desde allá”. Una tarde recibí una carta me contaba que se había enamorado, Celeste conoció a un hombre que la adoraba, por primera vez sentía que perdía a mi hermana, que ella ya no me amaba que ahora ya no era importante en su vida.

Con el pasar del tiempo, mi enfermedad  anduvo bien pero mi pena era enorme pesaba de manera imaginable, extrañaba mucho a Celeste mi hermana del alma  porque ya no la veía, en mis sueños caminaba apretando mis manos y llevándolas a mi pecho cerraba los ojos y pedía al cielo que ella estuviera ahí, si, sentada en aquel puente de madera con sus pies descalzos sumergidos en esas aguas tibias de aquel lago. Un día mientras llegaba al puente había un sobre adornado con una pequeña cinta blanca  y en su remitente decía: “ para ti Luna mi hermana del alma a la que un día le dije que le regalaría hasta mi corazón para que no muriera”, mire a todos lados por si aun estaba allí pero fue en vano se había marchado, el sobre contenía una invitación, mi hermana se casaba con el hombre que la ama, pero que yo siempre y por la eternidad seré y sería su hermana del alma, llore amargamente ese día creo que mis lagrimas las seco el sol y las que no cayeron al agua, sabía que Celeste sentía la misma pena que yo, fue así como llego el día ,desperté de aquel sueño y me pregunte qué ha pasado con Celeste con su marido porque ahora  desde que Salí del Hospital no me han visitado.

14 de noviembre me dormí mi abuela no fue a mi habitación y comprendí que en ese viaje que realizaba a mi vida pasada entendería lo que sucedió, por fin daría respuestas a mi vida anterior, me encontré llorando, había llegado el día mi hermana se casaba hoy y estaba segura que ya no me quería, me dolía el alma, el pecho era un dolor que jamás había sentido ni cuando mi padre se marcho a la vida eterna, sabía que mi hermana también estaba triste que su traje blanco se mancharía con sus lágrimas, sentía mis mano vacía, extrañaba eso cuando ella me decía que estaría a mi lado  si yo me caía,  me seque las lagrimas sacudí mi vestido, me  había puesto el más hermoso que tenía unas flores enormes estampadas, arregle mi cabello y me fui a la iglesia, entre corriendo, para pedirle perdón a mi hermana y desearle lo mejor del mundo en su nueva vida que jamás yo dejaré de ser su hermana, si su hermana del alma, estaba muy ahogada mi palidez de mi rostro dejaba entre ver que los minutos en este mundo se acortaban estaba llegando el final  quería que mi hermana sostuviera mi mano, si mi mano que estaba vacía, apenas sentí el dolor en mi pecho mis rodillas se doblegaron ante el altísimo y mi hermana corrió a mí, dejo el altar y sólo alcance a ver el rostro de mi hermana Celeste, a su alrededor esas rosas rojas y blancas y Dios mirando nuestras almas, sentí sus manos frías entrelazando las mías, su voz a lo lejos diciendo perdón hermana mía jamás debí haberte dejado sola pero mi amor por ti es tan grande que ante Dios te entrego mi corazón pero que no te mueras hermana de mi alma, hasta ahí mi vida termino cuando mi hermana al igual que yo cerró los ojos y miramos juntas al cielo para el sueño eterno, desperté entre llanto, dolor y angustia en mi pecho y es ahí donde mi abuela me abrazo y me dijo: tu hermana jamás te abandono te amo tanto que te regalo su corazón su alma te la había entregado hace mucho antes, llore largamente abrazada a mi abuela, quise saber donde estaba Celeste y mi respuesta fue, “ ella ahora está en tu alma”.

Así transcurrió el tiempo una época que jamás olvidaré en las noches me sentaba en la ventana y miraba aquellas estrellas, sabía cuál era mi padre pero aún no daba con Celeste, dibujaba el cielo esplendoroso y la estrella más alta y brillante  la asociaba que estaba ahí, impregne su rostro en cada dibujo para no olvidarla  jamás en mi vida.

Una noche caí en sueño profundo me encontré en  campo abierto, esplendorosa pradera vestida de verde penetrante, una señora algo enojada, me llamo a su escritorio, era raro jamás había estado ahí, abrió un enorme libro y afirmo:” ella está aquí”, si, le dije vengo a buscar a mi hermana Celeste, despréndete de tus zapatos, mientras yo la busco , el nombre de mi hermana estaba ahí en aquel libro sabía que la vería y sería pronto, la señora con una voz divina la llamo, del fondo entre nubesella apareció, mi hermana reía, danzaba, no lloraba, su cabello suelto al viento acariciaba su cara rosada con algunas pecas, cuando me vio fue corriendo hacia mí me abrazo acaricio mi cabello y mi rostro, junto su nariz con la mía le suplique de rodillas que me perdonara y que volviera , me dijo: Mi Luna no hay nada que perdonar, pero yo no puedo volver, sin embargo tu siempre serás mi hermana del alma, la cual yo siempre estaré ahí para que no caigas, y estaré contigo , con nuestro corazón y siempre seremos una sola alma. FIN.
 


“FIRME EN LA CRUZ ROJA…”
 (por Safiro)

Las anécdotas e historias que se producen dentro de los establecimientos hospitalarios son una infinidad, sobre todo por la diversidad de personas que transitan por estas dependencias y por la variedad de los trabajadores que allí afanan, es  por eso que les cuento una situación puntual y que resulto tragicómica en el Servicio de Farmacia de atención ambulatoria,  es decir en el Policlínico de Especialidades, hace algunos años atrás.

Como todas los día temprano en la mañana, se iniciaba, tal como ahora, la atención a público, despachándosele sus medicamentos y entregándose las indicaciones correspondientes, pero si de algo se adolece, en ciertas ocasiones por algunas de las personas que trabajamos en lugares públicos y con afluencia de muchas personas, es que olvidamos que somos seres humanos y que las personas que acuden a los hospitales diariamente también lo son, inadecuadamente caemos muchas veces en la automatización del trabajo y por ende perdemos esa humanidad y consideración por el otro al que debemos dar el debido tiempo para entregar adecuadamente la correspondiente  información  a los pacientes y familiares que deben retirar medicamentos e insumos. 

La más antigua de nuestras compañeras era muy acelerada por lo tanto se colocaba a trabajar y hacer los despachos de las recetas que llegaban muy rápidamente a eso de las 11:00 de la mañana, se producía la aglomeración de personas en la ventanilla de despacho de la Farmacia, lo que sin contradicción alguna nos alteraba a todos, ya que se hacía sentir la presión de cientos de ojos pendientes de lo que cada uno de nosotros estábamos realizando y  a la vez se sentía ese murmullo semejante a  zumbido de abejas que producen las personas cuando hacen comentarios en voz bajita y que de igual manera uno percibe que es relacionado, a nuestro que hacer:

-¡Mira, están puro conversando y no se apuran!-
-¡Por qué no atienden todos, puros paseos y uno esperando…!
-¡Creen que tenemos tiempo de más!-
De igual manera nosotros entre dientes comentábamos:
- la gente está impaciente, no nos riamos muchos- 
-Déjense de contar chites, para no reírnos-
-De que chistes me hablas, lo que me paso hoy no tiene nada de chiste-
-Por lo mismo…jajaja, la gente no sabe todas las rabias que pasamos cada día-
-Ellos no tienen culpa..y no tienen por qué saberlos-

Bueno, a la protagonista de esta historia, mi compañera de trabajo, la con más años en el servicio y en la unidad, se colocaba muy nerviosa y trabajaba con más prisa y muchas veces en forma automática,  así que tomo el carnet de crónico de uno de los paciente, estos pacientes tenían un tipo de rectas distintas eran más grandes y se extendían hasta por 6 meses, por lo tanto  la busco en el archivador donde se archivaba y la sacó, la despachó y llamó al paciente a viva voz, se acercó a la ventanilla de despacho una señora de edad avanzada y mi compañera con su aceleramiento le dijo entregándole los medicamentos:

-¿Sra., usted viene por el paciente?-
-Sí señorita- contestó la señora con voz suave y humildemente
-Bueno acá tienes los medicamentos, ¿ ya sabe cómo tomárselos, cierto?-
-Sí señorita, van todos los remedios, ¿no falta ninguno?-
-No, y por favor firme en la cruz roja para que se los lleve.
La señora se dio media vuelta y se fue, mi compañera muy asombrada me mira y me dice: -¡Oye, la viejujase fue…! ¿Qué hago con los remedios?
-La mire y me dio mucha risa su cara de asombro y desconcierto, pero conociendo su genio, me contuve y le dije:
- Guárdaselos, de ahí a lo mejor, vuelve a buscarlos, a lo mejor fue al baño-
Tomó los medicamentos y los hechos en una bolsa, luego se puso a reír y dijo para sí:
-Media loca la vieja-
Continuo despachando recetas y yo en mi trabajo de registro como a las dos horas, cuando ya se había bajado la aglomeración de gente en la ventanilla de despacho de la farmacia, escucho una voz que le dice a mi colega:
-Señorita, señorita, fui a la Cruz Roja, a firmar y me dijeron que no era halla donde debía firmar, por eso volví-
Levante mi cabeza asombrada y mi colega quedo sin poder reaccionar por unos minutos, luego le dijo:
-¿De qué me habla usted?-
-Usted me dijo que firmara en la cruz roja, para retirar los medicamentos de mí esposo y yo fui a la Cruz Roja que está en calle Carampangue, y ahí no es, por eso volví.-
Miro a mi compañera que seguía sin entender y me acerco a ella y le digo, -es la Sra., de la mañana, la que no llevó los medicamentos-. Ella reacciona y  le dice a la señora:
-Ha ya sé, usted no me entendió,…- tiene que firmar en la receta donde está la cruz roja que le marque…-, la risa afloro espontanea dentro de los que nos habíamos percatado de todo lo sucedido y de mi compañera, busco los remedios y la receta y se los paso a la señora.

La señora sin entender nada se retiró calladamente, nosotros solo atinamos a reírnos claro que no muy abiertamente para que no fuera mal entendido por los pacientes que faltaban por atender.

Lo que paso fue que en esas recetas de crónicos habían unos casilleros a la vuelta de esta, donde los que retiraban los medicamentos debían firmar, mi colega siempre para despachar utilizaba un lápiz de pasta de color rojo, en este caso en el casillero correspondiente había marcado unas cruz con el lápiz rojo, por eso le dijo al familiar del paciente: -¡Firme en la cruz roja!-.

Por años nos reíamos cuando alguien se acordaba de la cruz roja, pero a la vez en lo personal me da pena la señora que salió hacia las dependencias de la Cruz Roja de la ciudad que queda a 10 cuadras distante del hospital y por el tiempo que se demoró se tuvo que ir caminando ida y vuelta, por no haberle explicado bien al momento de entregar los medicamentos que venía a retirar. FIN.

 


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