La reforma a la salud consta de varios
cuerpos legales aprobados entre los años 2003 y 2005, los que guardan relación
con una mayor capacidad regulatoria del Estado a los actores privados, un plan
de salud obligatorio y de acceso universal (garantías en salud, GES) que cubre
el 70% de la carga de enfermedad de la población (conocido como plan "AUGE"),
financiamiento y prestación de servicios, y en la implementación de la
"autogestión en red" para los hospitales.
La Ley de Autoridad Sanitaria,
entrega nuevas facultades regulatorias al MINSAL, redistribuye las funciones
regulatorias de los Servicios de Salud traspasándolas a las Secretarías
Regionales Ministeriales (SEREMIS), reorganiza el MINSAL en dos Subsecretarías,
crea la Superintendencia de Salud, establece un nuevo rol para los Servicios de
Salud, y crea la figura de los Establecimientos Autogestionados en Red (EAR).
La autogestión significa que
los hospitales podrán administrar su propio presupuesto y adoptar una serie de
decisiones para mejorar su funcionamiento y elevar los estándares de atención,
poniendo énfasis en el cumplimiento de normas relacionadas con realizar el régimen de garantías y cumplimiento de metas sanitarias, sin tener que recurrir para ello a la autoridad central, aún cuando seguirán dependiendo de los Servicios de Salud, quienes continuarán con su labor fiscalizadora
Temas como la gestión de los recursos humanos, gestión financiera, la organización interna, planificación estratégica, gestión con la red asistencial, así como también la evaluación de las metas de desempeño, la existencia de consejos asesores, existencia de sistemas eficientes de información, entrega de cuenta pública de los resultados y la existencia de sistema de auditoría interna, son evaluados y constituyen los requisitos para transformarse en un Hospital Autogestionado.
Sin duda, que los principales desafíos del Hospital de San Fernando desde el año 2005 han sido cumplir con los estándares requeridos, y que las nuevas facultades efectivamente sean útiles para las mejoras en el servicio para lo cual fueron diseñados.
Sin duda lo se ha ido logrando, dado que se han mejorado los porcentajes de cumplimiento, de un 30,8% el año 2005 a un 76,04% el año 2009, fecha de la última evaluación realizada por Auditoria del Minsal.
Las dificultades observadas son propias de un proceso en marcha de gran envergadura. Aún podemos identificar obstáculos y lo que es más importante proponer soluciones, reconociendo que en todo proceso de cambios necesariamente hay aciertos y errores. Lo que sin duda no puede haber, es incapacidad para aprender y falta de coraje para asumir los desafíos pendientes, con el propósito de aumentar la efectividad, calidad y eficiencia del establecimiento a través de una gestión clínica de excelencia.